Las lágrimas de Francino

Cadena Ser Acabo de terminar de escuchar este fragmento de la SER y me ha fascinado su final. En éste Carlos Francino se da a las lágrimas tras recorrer lo que han llamado el mapa del dolor. Esas lágrimas, no me cabe la menor duda, son las que se nos salta a cualquier demócrata al pensar en los 43 años  de guerra entre los mafiosos etarras y el estado de derecho. Habrá, no me cabe duda, quien justifique que ETA nació como una respuesta a una dictadura. ¿Y qué? Nadie tiene derecho a arrancar la vida de nadie. Cualquiera que lo hace tiene el dudoso privilegio de ser considerado terrorista aunque su terror sea avalado por las leyes. Cualquier tipo de opresión es un cáncer social y no merece justificación. Sí y tan terrorista era Franco con sus censuras y asesinatos legales como esta gente.

Y, además, si luchaban contra Franco, por qué no abandonar las armas. Porque el terror cuando se quiere entender no acepta las reglas del otro, es incapaz. Quizá el peor error de González y de sus gobiernos fue tratar de combatir el fuego con fuego. Comprensible, pero inadmisible. Y por comprensible me refiero a que fue una época en la que los terroristas tuvieron sus más crueles ofensivas. Pero una democracia no puede permitirse esos lujos. La democracia debe hacer lo que hicieron los sucesores de Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero: ahogar con la soga del estado a esta gente. Ley de partidos, acoso policial. Que la justicia haya admitido a Bildu en los ayuntamientos no es culpa del gobierno que no interpreta las leyes sino que las crea. Creo que si el gobierno hubiera metido mano en la decisión, polémica, de esta legalización, hubiera sido una inadmisible intromisión en la labor de la justicia. Y bastante jodida está la justicia como para que se le siga metiendo mano. Admisible o no, creo que fue de lo más recomendable.

Las lágrimas del periodista, sin embargo, resumen el sentimiento de todos nosotros que hemos crecido con el miedo a que una bomba estallara en nuestra calle, que algún familiar se viera involucrado. Hemos crecido con la rabia de ver cómo nuestra democracia era cuestionada por aquellos que más la habían reclamado. Esas lágrimas son el recuerdo a todos los que hemos perdido por el camino, que son muchos más de los aceptables. Me han emocionado esas lágrimas tanto como me emociona el recuerdo de los asesinados.

La postura prudente de los dos grandes partidos me parece admirable. Ninguno de los dos ha hecho leña política de este anuncio y, antes bien, los dos saben que de llegar al poder y antes del diálogo debe haber una entrega de armas y, aún más, que la justicia y la ley van a seguir pesando sobre toda esta gentuza que no pueden ser calificada de humana. La rendición debe ser incondicional y asumiendo todas las consecuencias legales que sobre ello hay: no acercamiento de presos, no reducción de penas. La sangre de los nuestros no merece menos…ni más. E independientemente de quien esté en el gobierno después de noviembre no podrá bajarse los pantalones como no se ha hecho antes.

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Un museo en el corazón de Ohio

Desde muy pronto, cuando llegué aquí, me di cuenta de que Oberlin era un oasis en el desierto. En realidad, supongo que cualquier pueblo que en este país tenga una universidad (college o university) lo es en cierto punto, pues ésta aporta algo más al pueblo: un poco más de vida, otra visión etc. También supongo que la economía de estos pueblos, en no poco, se debe a esas instituciones.

Pero Oberlin no es un college al uso. Posee el conservatorio más antiguo de Estados Unidos y uno de los más prestigiosos también. Lo cual hace que a lo largo del curso no haya menos de 500 conciertos de distinta índole que colorean los blancos días de nieve en invierno. Esto sólo es un punto. Esto es más o menos normal y comprensible y supongo que si otras universidades tienen un conservatorio de música tendrán algo parecido (ópera los dos semestres incluida).

Pero hay algo más que hace especial a Oberlin. Esta pequeña ciudad, a 20 minutos de la orilla del lago Erie, tiene un museo de arte. No es especialmente grande, pero su colección es rica y variada. Va desde la Edad Media a la actualidad. Fue fundado en 1917 y según su página web es uno de los cinco mejores museos de una universidad en este país. Sus fondos alcanzan las 1100 piezas que, para este tipo de institución, imagino, no deben ser pocas. Hay un poco de todo y es sorprendente absolutamente. Está situado en un hermoso edificio en el extremo del parque, por lo que acercarse hasta allí es bien sencillo.

Una vez dentro uno puede sentirse en medio del museo de una gran ciudad. Las piezas colocadas por estilos y por zonas nos dan la bienvenida.

El año pasado estuvo cerrado por reformas y mejoras. Este año tengo la suerte de que ha sido reabierto. No sabía lo que me esperaba al llegar allí por primera vez y me quedé más que fascinado. Uno no puede imaginar que en un lugar de apenas 10000 habitantes exista esta pequeña joya. Un auténtico oasis en el desierto. Un punto más a añadir a esta ciudad a la que sólo le falta un buen transporte público para ser perfecta…pero en el amigo americano eso sí que es impensable.

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Y yo qué soy

Hoy es la fiesta nacional. Nada tan vacío y a la vez tan lleno. Es normal que uno se sienta más de su tierra cuanto más lejos está de ella y que allá, a la vuelta, reniegue. Yo no soy una excepción. No obstante siempre, dentro o fuera, me he sentido muy orgulloso de mi pasado y de mi historia. De mi lengua y de su extensión. No puedo sentirme culpable por lo que hicieron mis antepasados y no lo voy a sentir. Si alguien cree que la leyenda negra es mayor que la blanca, bueno. No creo que haya nada de lo que avergonzarse y sí mucho de lo que enorgullecerse. Porque España no es sólo paletismo e inquisición. Es literatura, historia y pensamiento. Es muchas más cosas. Y no sé muy bien qué es, pero yo me siento orgulloso de ser español. Porque estoy de que haya países que muestren su cultura con orgullo mientras nosotros sólo seamos el bastión del catolicismo, ya basta: es nuestra cultura y es de enorme importancia. No sólo flamenco, sol y playas. Somos el único país europeo occidental con raíces árabes (bueno Portugal) y que en Europa occidental tiene ese arte, así como el mudéjar. Y son otros muchos ejemplos.

Sí, soy español y afirmar esto no me hace de derechas o de izquierdas. Basta de este dualismo estúpido que lo único que hace es poner trabas…soy español de derechas o de izquierdas y me siento orgulloso de ello. Echo de menos mi cultura y mi gente, mi sol, mis paisajes, mi historia. La extraño porque es parte de mí, me guste o no. Por eso hoy celebro mi fiesta nacional, (aunque no me guste lo que tiene de militarizado) y me gustaría que todo el mundo pudiera celebrarlo en paz sin visiones políticas, unidos por el sentimiento de ser algo común, con sus diferencias, pero éstas sólo nos enriquecen (aunque algunos quieraque nos separen).

Explicar tantas cosas en juego aquí es difícil. Sé que me voy a leer cosas que no me van a gustar y que va a haber gente que no entienda esto…pero es lo que hay.
Feliz día y que Viva España.watch?v=pkeSGGZ6LP0

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Es extraño

Hoy en mi universidad ha aparecido un grafito en el que se clamaba clemencia por el último ajusticiado en Georgia. Por la tarde ha habido una suerte de vigilia en algún sitio que desconozco. En un concierto al que he acudido se ha hecho un minuto de silencio. A lo largo y ancho del país se han oído voces contra esta ejecución.

Nunca he estado, no lo estaré jamás, a favor de la pena de muerte. Si lo que decía Aristóteles es cierto, las acciones no revierten en la persona a quien acontecen sino a la persona que las comete también. Es decir, aquel que asesina no está afectando al mundo en primera instancia, sino a sí mismo convirtiéndose en asesino. Es una concepción que me gusta porque implica que cada una de nuestras acciones nos crea o nos destruye independientemente de lo que suceda en el mundo, o sino independientemente sí en primer paso. Por eso creo que quien aprieta los botones de una inyección letal o lo que sea, se convierte, por muy legal que sea, en lo mismo que al que ajusticia.

La pena capital en este país es legal en 34 estados, creo. Pero apenas sí se lleva a cabo. Una de las razones es que la inyección letal que ahora es lo más “humano” es demasiado cara, mucho más, por lo visto, que el mantenimiento de los presos en cadena perpetua. Hay estados donde aún se prima la silla eléctrica. En otros el fusilamiento es elegible por el reo. En todos los casos me parece inhumano.

También es cierto que nadie se preocupa de lo que pasa más allá de sus fronteras. Pero no deja de llamarme la atención que este país se manifieste a lo largo y ancho de sus fronteras en contra de esta ejecución (de muy dudosa legalidad) mientras permite lo que permite en Irak, Afganistán y otros países donde cada día, sólo por su presencia, mueren miles de personas. Supongo que la legalidad de estas invasiones se mide con la misma que la ejecución de un hombre más que probablemente inocente. Muchos de los que hoy se han manifestado no cuentan con que sólo cruzando un puente en Ciudad Juárez, mueren cientos de personas cada día, sólo porque El Paso es la ciudad más segura de este país. La guerra a los narcos no importa si no llega droga al país. Caiga quien caiga. Mucha gente que hoy se manifiesta contra una palpable injusticia no querría oír ni hablar de otro tipo de injusticia que suceden a cada paso en su puerta.

No deja de ser extraño…

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Fotografía

Hoy he ido a imprimir una foto digital. He tenido la extraña sensación de atrapar el tiempo.

Hace no tanto, mucha gente se negaba a tomar fotografías porque temían que en ellas quedaría atrapada parte de su alma. Esta superstición, me parece, tiene algo de real. Sólo hay que mirar las fotos para sentirlo. Las fotos son un ayer, un hoy, un mañana detenido en el tiempo. Lo que vemos no existe ya. No existe ese escenario, no existen, muchas veces, esas personas. O quizá simplemente hemos cambiado tanto que no somos esos que fuimos.

Todos hemos intentado reconocernos en las fotos antiguas. O reconocer dónde era aquello. O al ver una casa en obras detrás uno trata de reconocer la casa desde la que ahora observa y que está terminada tanto tiempo después y resulta irreconocible. Allí, en ese marco está todo detenido, atrapado. Es una sensación curiosa. Cuando uno va a esos lugares, no reconoce en ellos la foto, no los relaciona. La sensación es siempre al revés. Uno se busca en las fotos, pero no reconoce los lugares donde fue tomada.

Otras veces, sin embargo, uno mira sabiendo que en aquel lugar fue tomada la fotografía de alguien ya ido y se estremece porque el banco sigue, pero no ellos. El poyo de piedra está allí eterno como si de una foto se tratase, pero sobre él se han seguido sentando personas que han borrado la huella de la fotografía que fue un día concreto en ese lugar y que ya no es. Sólo la impresión lumínica que supone la imagen permanece. Es algo mágico y perturbador al mismo tiempo.

Tú te sientes el mismo, pero no lo eres. Puedes seguir tus pasos a través de esas imágenes, puedes ver a los que te rodean, camino ascendente hacia el infinito. Pero sólo en ellas permaneces. Un día alguien preguntará ingenuamente ¿Quién es esta persona? Y tú reconocerás, pero no ellos que observan al real sin poder pensar que un día fue de otra manera. Porque ese detenimiento artificial no funciona, en realidad, para los que no lo vieron en directo. Quien no te conoció no te reconoce porque no eres.

Y aunque detengas todo lo que ves en ese marco, sabes que ya no es, que sólo fue un segundo, y que sólo se mueve cuando lo miras y lo recuerdas…lo demás, hasta cierto punto, es mentira.

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La Biblioteca

La enorme mole de hormigón informe se levanta al límite de una pradera donde resalta enormemente sobre el verde de esta y sobre los caminos adoquinados que la rodean. Se diría que más que atraer repele por su aspecto. En algunos lugares se adivinan vanos de cristal que no permiten pensar qué es lo que se esconde allí dentro. Es de esos edificios a los que sólo te acercas si quieres ir lo cual es bueno, pues sólo los verdaderamente ansiosos de cultura y silencio se internarán en sus entresijos para descubrirla.

La entrada es un puente levadizo. Rampa de cemento erguida hacia la primera planta que deja a los lados un foso de magia. Allí la gente canta y baila y se divierte, pero desde allí no existe acceso al edificio que contempla a sus pies a aquellos enanos que no se deciden a refugiarse en su castillo. Quizá cuando lleguen los invasores televisivos decidan buscar allí lo que el mundo ha perdido. Las puertas allí abajo están cegadas y cualquiera que lo necesite deberá pasar por el puente siempre extendido.

El acceso, la llegada, tampoco permite adivinar nada de lo que allí se esconde. Sólo una enorme sala plena de ordenadores y un mostrador, pero libros. No saber. No historia. Aquello parece un espejismo donde uno podría quedarse olvidando su verdadero cometido. Es el lugar donde los caballeros que superaron el puente del castillo corren el riesgo de verse entremezclado por sirenas de tecnología que con sus cantos y su belleza los atraen hacia lo ignoto.

Hay que saber hacia donde dirigirse. El edificio no es un laberinto, pero al que se adentra en él por primera vez lo puede parecer. Son muchos los accesos a los niveles superiores, pero pocos los que llevan al saber que uno quiere. Hay planos que avisan sobre los terrores y mitos que allí nos encontraremos. Seguirlos debe ser la decisión más sabia, pues incluso cuando uno es versado en sus entresijos corre el riesgo de olvidar a lo que va pues desde cientos de estantes distintos lomos lo llaman. Es laberinto ver pasillos sin fin con números jeroglíficos que indican sólo a los que leerlos saben. Es laberinto ver sólo los lomos de los libros y correr el riesgo de detenerse a leerlos todos. Es peligroso no saber a dónde se va pues todo es atractivo en este viaje hacia el saber. Sólo uno de los libros es el tuyo, sólo uno es el grial. El resto te llaman, te desean, te seducen, los quieres leer pero son sólo rocas en el camino.

Si siguiendo tu instinto y las pistas numéricas alcanzas tu destino, allí habrá un oasis donde sumergirse. Un estante donde lo que rodea a tu libro está relacionado. No son llamadas de sirena, es algo que te acercará más a donde quieres llegar.

Al volver a la primera planta y volver a atravesar la rampa-puente, sientes que todo fue un sueño. En tu mano llevas tu objetivo y le sonríes como si fuera una persona. Has logrado escapar de las fauces de la Biblioteca, has sido valiente para huir del saber que te ofrecía y sin embargo te queda el sabor de boca de querer volver a por más, pronto…pronto, te enfrentarás a esa mole de nuevo a sus oasis y a sus sirenas y a su no laberinto.

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Un problema de centurias

Aquel maravilloso momento llamado de la Ilustración que en España tendemos a denostar de cualquier manera comenzó a buscar soluciones a un problema que había nacido, más o menos, dos siglos antes. La cerrazón secular de España a cualquier influencia cultural ajena al círculo cultural católico surgido de Trento. Desde la Reforma y consecuente Contrarreforma España se enquistó en sí misma, cualquier influencia extranjera era mal vista y así perduró durante los siguiente siglos. Ello conllevó una caída de la educación que iba desde el terrible analfabetismo, había que evitar que la gente leyera (para evitar la lectura de La Biblia) hasta la enorme incultura general con un patriotismo rastrero que no trajo más que problemas. Mientras en el norte de Europa, en los lugares donde había triunfado la Reforma, la gente aprendía a leer porque había que leer La Biblia. Parvo propósito dirá alguno, pero al menos se promovía la lectura que es la primera forma de aprendizaje reglado.

En cualquier caso, lógico es que desde países menos cerrados, surgiera la Ilustración y que en España apenas tuviera un eco bien coartado por la iglesia militante. En cualquier caso, los Jovellanos, Floridablanca, Cadalso, Feijoo y tantos otros, trataron de mejorar el estado del rebaño de alguna manera: leyes para los espectáculos públicos, para la creación de escuelas etc. Todo esto, más o menos, se vino al traste con la Guerra de Independencia que, sin dejar de ser un loable logro de la libertad española, puso en jaque a los afrancesados, muchos de los cuales perseguían un ideal educativo más elevado. Luego volvimos a lo de antes, absolutismo monárquico de lo más cerrado, clases bajas que sólo buscaban diversión y no cultura. España, para esa época, ya había perdido el tren del progreso y todavía está por recuperarlo, pero eso, ahora, es otra historia. En cualquier caso, había mucha gente que veía la educación como problema. Pero ahí estaban los de siempre, iglesia y poder político, para evitar que se creara una verdadera educación donde los valores humanos y cívicos fueran los más importantes. No, lo importante era evitar que el rebaño, en la medida de lo posible, siguiera sin pensar demasiado. Es más aquellos que leían, preferían no meterse mucho en camisa de once varas: seguíamos, como desde el XVII, en el pan y circo más absoluto.

A finales del XIX se crearon instituciones cuyo propósito era bueno y sus principios nada tenían que ver con los eclesiales o políticos: el krausismo y la ILE intentaron dar a este país lo que de verdad necesitaba, un cuerpo de gente capaz de usar el cerebro y no de desdeñarlo, gente a la que gustara debatir y poner en cuestión lo establecido para, así, tratar de mejorar. Sí, vamos, que se dejara atrás lo de “virgencita que me quede como estoy” por miedo a ser juzgado e, incluso, eliminado. Aún así, siguió siendo esto un problema, pues la educación estaba al servicio de muy pocos y no en todos los lugares.

En 1931 recogiendo estos presupuestos, la II República, que se pudo equivocar en muchas cosas, pero no en esto, estableció un sistema de profesorado preparado que se repartió por el país tratando de eliminar el terrible grado de analfabetismo. Gente preparada y con ganas de enseñar y de culturizar. Un fantástico ejemplo es el del profesor de La Lengua de Las Mariposas, encarnado por un sublime Fernando Fernán Gómez…por desgracia el final de este proyecto es como el de la película…a balazos.

Ni a la Iglesia ni a los sublevados que levantaron las armas contra el gobierno les interesaba gente que pensara ni que fuera libre fusilaron a muchos, otros se exiliaron y se quedó aquello en un páramo bastante temible.

Después la educación ha seguido siendo el problema. Ha ido bajando el nivel cada vez más. Se ha ido ignorando al profesorado y al alumnado. Los mínimos han pasado a convertirse en estándares y ahora los mínimos lo son tanto que no existe una competencia real sino una bajada de pantalones donde no se valora al mejor, ni al que más se esfuerza sino que se permite la ley del mínimo esfuerzo en todos los aspectos. A esto cabe añadir que se le ha quitado todo tipo de autoridad a los profesores que no tienen apenas libertad de movimiento.

En realidad todo este rollo se resume en algo muy claro: la educación es algo político. Desde siempre cada gobierno ha hecho lo que ha querido, no ha habido estabilidad en el ámbito educativo jamás pues todos han pensado en arrimar el ascua a su sardina en vez de en el desarrollo intelectual de los estudiantes. No es normal que en 40 años de democracia, más o menos, hayamos tenido tantas leyes educativas y tantas reformas. No es lógico que una ley estatal pueda ser interpretada por 17 comunidades autónomas y que cada una de ellas pueda mangonearla como bien quiera adaptándola a su propio interés. No es bueno que en cada una de ellas se estudie sólo lo que corresponde a cada una  de ellas ajeno a lo del resto. La educación es algo universal y para todos pero nadie lo entiende o no quiere entenderlo. Y mientras se siga así, un problema tan antiguo seguirá siendo eso: un problema al que se maquilla para que cambie de cara…pero aunque la mona se vista de seda…

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